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Había un rastro de sangre en el tronco del árbol donde la cara del muchacho había sido golpeada.
-Eu, creo que le rompiste la nariz, calmate un toque.- dijo el chico pelirrojo con tono conciliador.
-Que se calme el pelotudo de tu novio,- le respondió el otro joven, musculoso y de cabello castaño, -no tiene por qué meterse en una pelea de mi pokemon.-
-En serio Yanny,- se volteó a hablarle al muchacho, -qué necesidad.-
-Encima se escapó el bicho. Si lo vuelve a hacer lo mato.- El Krokorok detrás de él gruñó en afirmación.
-Callate, Kevs. Qué esperabas? Piensa que son nenes.- habló molesta la chica de pelo negro y delineador. -Te conseguimos otra cosa si tanto querés pelear, está lleno de pokemon.-
El muchacho abrió la boca para quejarse pero terminó tosiendo sangre. Todos lo miraron algo incómodos.
Quien no había dicho nada hasta el momento, la muchacha rubia con lentes, levantó su mano como pidiendo permiso para hablar. -Habría que llevarlo al sanatorio.-
-Sí, genia, pero qué les vamos a decir.- respondió la chica revoleando los ojos.
-Ni en pedo me detienen por su culpa.- El joven se cruzó de brazos.
-Podés no venir.- El pelirrojo encogió los hombros.
-Te pensás que con nuestro historial no van a preguntar por mí cuando te vean con él?-
La chica frunció el ceño. -Y, pero tampoco lo vamos a dejar solo.-
-Por qué no? Él se lo buscó.-
El chico lo golpeó en el hombro. -Dale chabón, no seas tan forro.-
-Le estás pidiendo demasiado.- La chica se rió. -Dejen que yo entre con él.-
-Y cuál va a ser la historia, eh? Que vos lo llevaste a cuestas desde el bosque?- respondió el joven. -No importa lo que hagamos, vamos a quedar todos pegados.-
El sol bajaba entre las ramas del bosque y el muchacho seguía sentado en el suelo en silencio, su nariz sangrando. Su remera se iba manchando cada vez más mientras el grupo discutía.
-Cállense! No es como si lo matamos!- intervino la muchacha, jugando nerviosamente con un mechón de su pelo. -Podemos decir que se cayó y terminar la cuestión. Suena simple pero si los cuatro damos el mismo testimonio, nos tienen que creer.-
Los otros la miraron sorprendidos por un momento pero esas palabras parecieron calmarlos.
-No es mala... Y me imagino que no se te va a ocurrir llevarnos la contra.- Le sonrió el joven castaño al muchacho.
-Eso! Tan aguafiestas no sos!- La chica agregó, pero fue la única que se ofreció a ayudarlo a levantarse.
Él no los miró, estaba empezando a sentirse mareado. -... 'tá bien.- respondió por lo bajo.
-Bueno, tratá de no manchar los asientos.- El pelirrojo comenzó a caminar hacia el auto. Antes de subirse murmuró, -Te quiero Yanny, pero a veces sos intratable.-